El arte de la entrevista: De un interrogatorio policial a una conversación real.
Seguro
que te ha pasado. Te preparas el currículum, cuidas tu ropa, ensayas
las respuestas y, al cruzar la puerta o encender la cámara, la atmósfera
se vuelve gélida. De repente, no estás en una reunión profesional; te
sientes en una sala de aislamiento, bajo una luz intensa, respondiendo a
un interrogatorio de tercer grado digno de una serie policiaca de
televisión.
Sales
de ahí con el corazón acelerado, la boca seca y una frustración enorme.
Te preguntas: ¿De verdad han conocido quién soy? ¿Han evaluado mis
capacidades o solo mi resistencia a la presión?
Como
leía hace poco en un post viral en LinkedIn: "Muchas personas son
pésimas en entrevistas, pero brillantes en el trabajo". Y no les falta
razón. El sistema tradicional de selección está roto porque confunde la
timidez o los nervios con la falta de competencia.
Por qué el "tercer grado" destruye el talento
Premia
la actuación, no la realidad: Las preguntas cerradas y los climas
tensos solo benefician a quienes memorizan guiones y actúan bien bajo
presión.
Anula
la empatía de serie: Cuando un candidato natural y empático se
encuentra con un muro frío, se cierra por pura supervivencia.
Es
una vía de un solo sentido: Un proceso de selección actual no debe ser
un examen unidireccional; debe ser una cita donde ambas partes deciden
si se gustan.
Las preguntas que deberíamos desterrar (y lo que esconden)
A
lo largo de mi trayectoria me he topado con todo tipo de procesos. Pero
en una de mis últimas entrevistas viví en primera persona ese "manual
de la mala praxis" que muchos reclutadores se niegan a soltar.
Aquí van los grandes éxitos del interrogatorio moderno:
1. La intrusión ilegal: "¿Cuántos años tienes?
"Una
pregunta que no aporta nada a tu valor profesional y que roza la
ilegalidad por discriminatoria. Tu talento, tu empatía y tu madurez no
tienen fecha de caducidad ni se miden con un número en el DNI.
2.
El examen trampa: "Imagínate que envías una factura errónea, ¿qué
harías?" Mi respuesta fue clara: «Rectificarla yo misma y asumir la
responsabilidad. Jamás acusaría a nadie de mi equipo; si el error es
mío, se asume y se corrige».
Aunque
esta respuesta demuestra una honestidad impecable, plantear escenarios
de estrés en frío solo busca pillar al candidato en un renuncio, en
lugar de evaluar su capacidad real.
3.
La falta de empatía: "¿Por qué hay tanto tiempo sin trabajar?" Lo que
te dan ganas de decir es: «¿Y a usted qué le importa?». La realidad
detrás de mi "hueco" es que estuve cuidando a mi abuela, con la que
vivía. Detrás de un espacio en blanco en un papel hay vidas, hay
cuidados y hay prioridades humanas. Que el mercado laboral penalice el
cuidado de la familia es, sencillamente, vergonzoso.
4.
El cliché definitivo: "¿Dónde se ve en cinco años?" Una pregunta
obsoleta en un mundo donde el mercado cambia cada mes. Exige una falsa
promesa de fidelidad que solo busca complacer el ego de la empresa.
El peligro del "teatrillo" de Recursos Humanos
Hoy
en día, las redes sociales están inundadas de expertos en Recursos
Humanos que te bombardean con manuales de instrucciones: «Di esto», «No
respondas aquello», «Pon las manos así». Me parece indignante. Nos están
empujando a participar en un auténtico teatrillo donde se premia la
actuación y se penaliza la autenticidad.
Ayer
mismo me saltó un vídeo donde una reclutadora afirmaba que tienes que
decir tres mentiras en la entrevista de trabajo. ¡De eso nada! A mí las
mentiras nunca me han gustado; prefiero la verdad y la claridad por
delante. Si todos memorizamos las mismas respuestas prefabricadas o
recurrimos al engaño, ¿dónde queda la esencia de la persona? Al final,
los reclutadores contratan al que mejor actúa, no al que mejor trabaja.
Un consejo que vale oro (y viene de familia)
En
su día, mi padre y mi abuela siempre me daban el mismo consejo antes de
ir a una entrevista: «Sé tú misma, sé natural». En aquel entonces no
existía todo este maquillaje teatral que inunda las redes hoy en día.
Hoy, mi marido me sigue repitiendo exactamente lo mismo.
Yo respondo con sinceridad, honestidad y tal cual soy. No necesito un librillo de teatro para responder ninguna pregunta.
Quien te contrata a base de mentiras, compra un personaje; quien te contrata con la verdad, gana un talento real.
Aceptemos
que una entrevista es una conversación entre dos partes iguales. Ellos
buscan talento, pero tú también buscas un buen lugar para trabajar. La
próxima vez que te enfrentes a un proceso de selección, rompe el guion:
No actúes: Responde como te salga a ti, desde tu verdad, tu experiencia y
tus valores. No te avergüences de tu vida: Si cuidaste a un familiar o
te tomaste un tiempo, dilo con orgullo. Eso te hace humano, resolutivo y
real. Valórate: Ve siempre con la cabeza bien alta.
Si
una empresa se asusta con tu naturalidad o prefiere a un robot que
repita frases hechas, recuerda esto: el problema no eres tú, es su falta
de visión. No bajes tu valor para encajar en un lugar que no sabe medir
tu brillo.

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