El edadismo en las ETT y la falta de transparencia
Hace tiempo que en este espacio de Talento sin fecha de caducidad vengo denunciando el edadismo y la falta de transparencia en los procesos de selección. Sin embargo, hoy me veo obligada a insistir porque la realidad sigue superando la ficción.
Existe una brecha invisible en el mercado laboral: la de quien tiene la estabilidad de un empleo frente a quien busca, con ilusión y profesionalidad, una nueva oportunidad. Mientras para los equipos de selección el proceso es solo una tarea más en su jornada laboral —a menudo ejecutada desde la seguridad de un contrato ya vigente—, para el candidato es una cuestión de futuro, de subsistencia y de dignidad profesional.
Es profundamente decepcionante comprobar cómo se adquieren compromisos de comunicación que se diluyen en el silencio más absoluto. Se nos dice "te avisaremos", se nos pide paciencia, y luego se nos ignora como si nuestro tiempo no tuviera valor. Esta falta de empatía no es solo una cuestión de mala educación; es la evidencia de una cultura corporativa que ha olvidado que, antes que candidatos, todos somos personas.
Pero esto no es solo una cuestión de edadismo; es un problema de ética y profesionalidad básica. Aparte de la discriminación por edad, nos enfrentamos a una cultura en las empresas de trabajo temporal donde el candidato es tratado como un número desechable. No es lógico ni correcto que, tras realizar una entrevista donde se establecen compromisos, la empresa se escude en el silencio. Cuando una ETT ignora las peticiones de feedback de un candidato, no solo está fallando en su labor de intermediación; está demostrando una falta total de respeto hacia la dignidad humana y el tiempo de quienes, con todo el derecho, buscamos trabajar. Esta deshumanización no es un error puntual, es una falta de seriedad corporativa que no podemos seguir permitiendo.
Por todo ello, ya no basta con pedir empatía; es necesario un marco legal que garantice el respeto al candidato. Propongo una Ley de Transparencia en los Procesos de Selección, tanto para empresas directas como para ETTs, que establezca plazos máximos de respuesta —como esos cinco días hábiles que considero esenciales— y que contemple sanciones administrativas para quienes practiquen el ghosting laboral de manera sistemática.
No es lógico ni admisible que, mientras las empresas exigen compromiso y rapidez al trabajador, ellas se sientan legitimadas para ignorar a las personas que han dedicado su tiempo y esfuerzo a una entrevista. Si las empresas de trabajo temporal no son capaces de autorregularse y tratar con la dignidad debida a quienes buscamos una oportunidad, deben ser las instituciones quienes garanticen que este tipo de abusos tengan consecuencias. El respeto no debería ser un privilegio, sino un derecho regulado.
Desde Talento sin fecha de caducidad, seguiré denunciando esta deshumanización. Porque tener trabajo no debería ser excusa para olvidar la empatía hacia quienes, con la misma o mayor capacidad, siguen esperando al otro lado. No vamos a consentir que el ghosting laboral siga siendo la norma.
Episodio 49 - "El ghosting laboral y la carga de ser nuestro propio gestor

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