Los esclavistas del siglo XXI: Cuando el talento se trata como un artículo de saldo.

 


En el panorama laboral actual, a menudo escuchamos hablar de términos como "optimización", "polivalencia" o "ajuste de costes". Pero detrás de estos tecnicismos de despacho, en ocasiones se esconde una realidad mucho más cruda y deshumanizada. Mi padre solía referirse a cierto tipo de perfiles directivos como "los esclavistas del siglo XX". Hoy, observando algunas de las mentalidades que dominan nuestros procesos de selección, no puedo dejar de pensar que su diagnóstico sigue vigente, quizás incluso más refinado en esta nueva era de precariedad.

​El edadismo como excusa de la falta de ética

Recientemente, un debate en LinkedIn me ha reafirmado en esta convicción. La idea de que el mercado laboral debe ser un mercado de "comprar barato" —comparando el talento profesional con artículos de consumo de bajo coste— no es solo un error estratégico; es una falta de respeto absoluta a la dignidad humana. Cuando se justifica que "si puedo contratar a alguien con más experiencia por menos dinero, lo haré", se está confesando un modelo de gestión que no busca valor, sino la explotación de una necesidad.

​El talento no tiene fecha de caducidad

El edadismo se alimenta de esta mentalidad. Se descarta el talento senior basándose en prejuicios sobre su adaptabilidad, su salario o su "permanencia", cuando la realidad es que lo que se está descartando es la solvencia, la capacidad resolutiva y el poso que solo da la trayectoria profesional.

​Tratar a las personas como un saldo de usar y tirar no es "hacer empresa". Hacer empresa es invertir en capital humano, reconocer el valor real que aporta la experiencia y entender que un profesional no es un artículo de consumo.

​Conclusión

La lucha por nuestro Borrador de Ley de Protección Integral del Talento Senior nace de esta indignación. No podemos permitir que la gestión de personas quede en manos de quienes confunden la rentabilidad con la devaluación del ser humano. El talento es el activo más valioso de cualquier organización, y es hora de que la legislación y la ética empresarial lo reconozcan, protegiéndolo de aquellos que todavía operan bajo lógicas caducas y deshumanizadas.


Episodio 78. Los esclavistas del siglo XXI

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