Las vacaciones de la ética laboral (y el mito de que "no hay ganas de trabajar")
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| Reflexión sobre el empleo, la experiencia y la falta de ética en los procesos de selección. |
Hay un mantra tan repetido como cínico que resuena en barras de bar, despachos de medio pelo y corrillos de salón en cuanto se habla de empleo: "Es que hoy en día la gente no quiere trabajar". Lo sueltan con la misma ligereza con la que te dejan colgado tras una entrevista o te aplazan la respuesta con excusas de calendario.
Y uno se queda mirando, con la carpeta bajo el brazo y la profesionalidad intacta, pensando: y luego no hay trabajo.
El arte de desaparecer (con coartada estacional)
Hay un clásico no escrito en el mundo laboral que nunca falla: la temporada de excusas basadas en el calendario. Da igual si estamos hablando de pleno verano, de vísperas navideñas, de cierres de trimestre o de cualquier comodín estacional; en cuanto a ciertos sectores o perfiles les toca asumir un compromiso, se inaugura oficialmente la temporada de las vacaciones de la ética laboral.
El guion es de sobra conocido. Te presentas a un proceso, la entrevista transcurre en un clima de supuesta cordialidad, todo son explicaciones idílicas sobre las funciones y las condiciones, y te aseguran que "están en ello". Te ilusionan como si fueran los magos de la película... y entonces, de repente, se hace el silencio. Te escriben un correo educado en la forma pero cínico en el fondo —del tipo "como ya estamos en estas fechas, ya si eso retomamos el tema más adelante"— o, peor aún, te aplican el silencio absoluto. El famoso ghosting de manual.
¿No queremos trabajar, o no nos queréis coger?
Llevar desde el pasado octubre en búsqueda activa, sumar entrevistas y más entrevistas, y comprobar cómo juegan con el tiempo y las expectativas duele. Es la constatación diaria de que el problema no es la falta de ganas. Queremos trabajar, nos gusta hacerlo, necesitamos estar activas y jamás nos habíamos visto tanto tiempo en esta tesitura.
La realidad estadística es mucho más tozuda y desmantela cualquier excusa empresarial. En nuestra provincia, los mayores de 45 años concentran cerca del 57,5% del total del paro registrado. De ese colectivo, casi el 60% son mujeres, sufriendo una brecha de reinserción insostenible. Y por si fuera poco, el 52% de estos desempleados senior lleva más de un año buscando empleo sin éxito.
¿Entonces dónde está el bloqueo? El problema surge cuando chocamos contra el muro de la simulación y el edadismo empresarial. Te convocan a procesos interminables, te miden con filtros automáticos de cartón piedra y, en cuanto asoma la veteranía o el género, se inauguran las excusas de chistera.
El lujo de mirar hacia otro lado
Lo más sangrante es el contraste. Por un lado, escuchas a quienes ya tienen un puesto asegurado quejarse por vicio de que "no les gusta nada su trabajo", dando por sentada una nómina y unas facturas pagadas mientras a otros se les niega el pan y la sal. Dan ganas de decirles: "Cámbiamelo ahora mismo. Quédate tú en la incertidumbre y déjame entrar a mí, que tengo las ganas y la necesidad de remar".
Por otro lado, están los despachos que eluden su responsabilidad. ¿De quién es la culpa de que profesionales válidos acumulen meses de puertas cerradas? Corramos un tupido velo, como decía mi padre, porque la evidencia cae por su propio peso: la culpa es de un tejido empresarial que margina el talento, que descarta la experiencia por puro prejuicio y que prefiere mirar hacia otro lado antes de asumir una contratación justa, transparente y humana.
Menos coartadas y más dignidad
Aceptar un empleo requiere reciprocidad. Exigir implicación exige ofrecer la misma moneda. Las coartadas estacionales, los filtros absurdos y el desprecio por los profesionales con trayectoria no demuestran falta de personal; demuestran falta de ética y un miedo atroz al talento real que viene sin servilismos.
Así que no nos cuenten milongas sobre quién quiere trabajar y quién no. El deseo de remar está intacto. Lo que chirría, y mucho, son las excusas baratas de quienes abren vacuas ofertas mientras cierran la puerta en la cara a quienes tienen la capacidad, la madurez y la urgencia de demostrar lo que valen.
Porque aquí el talento no caduca... pero la desfachatez de culpar a los invisibles del sistema, tampoco.
Episodio 90. Las vacaciones de la ética laboral
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