Más allá del currículum: cuando la falta de humanidad y el acoso en el trabajo cuestan la vida
Hay realidades de las que nadie quiere hablar en los despachos de recursos humanos, pero que ocurren todos los días tras una puerta cerrada. Nos venden procesos modernos, digitalización y supuestas políticas corporativas centradas en las personas. Sin embargo, la realidad que sufrimos los que buscamos empleo o intentamos sobrevivir en el mercado laboral es muy distinta: frialdad, promesas que se quedan en nada, excusas vacías y, en el peor de los casos, una toxicidad que destruye la salud mental y física de las personas.
El cinismo de las "buenas palabras" y los portazos
Recientemente lo he vivido en primera persona con una empresa del sector farmacéutico e higiénico. Te reciben con una sonrisa, te hacen mantener la ilusión durante todo el verano emplazándote a septiembre con un "tendrás noticias nuestras", y cuando llega el momento de dar la cara, desaparecen o te despachan con un frío y automatizado correo en el que te sueltan que "la competencia es alta y hay candidatos más adecuados".
¿Hasta cuándo vamos a normalizar que jugar con el tiempo, la ilusión y la dignidad de los candidatos salga gratis? Quienes están al otro lado olvidan que ellos o sus familias también han pasado por lo mismo. Tienen hermanos, hijos, padres... pero parece que una vez sentados en su despacho se olvidan de de dónde vienen, adoptando una superioridad tan absurda como dañina.
El mobbing y la toxicidad que silenciosamente matan
Pero el problema no es solo cómo se trata al candidato desde fuera; lo verdaderamente alarmante es lo que ocurre dentro de las empresas. El acoso laboral, las presiones invisibles, el mobbing y la maldad gratuita de quienes se creen "dioses del mambo" destrozan vidas enteras.
Me viene a la memoria el caso inolvidable de una querida amiga que ya no está. Una gran profesional de una empresa farmacéutica que, tras más de 15 años de entrega, se vio en la calle de la noche a la mañana por culpa de una enfermedad rara. Ganó el juicio con todo merecimiento, la readmitieron con su antigüedad y su puesto, pero la toxicidad del entorno y el ensañamiento de quienes le hicieron la vida imposible poco a poco minaron su salud hasta que falleció con apenas 30 años.
Historias tan desgarradoras como esta demuestran que el acoso laboral mata. No estamos hablando solo de un mal día en la oficina o de un proceso de selección desagradable; estamos hablando de salud mental, de derechos humanos y de dignidad.
Sin calidad humana no hay excelencia profesional
Como bien dice una frase que define mis principios: “Puedes ser excelente en lo que haces y aun así dejar mucho que desear en cómo tratas a las personas. Para mí, sin calidad humana no hay excelencia profesional”.
Por eso nació Talento sin fecha de caducidad y por eso seguimos peleando día a día, sumando ya 273 firmas en nuestra recogida en Change.org para exigir una Ley de Protección Integral. No podemos permitir que la ansiedad, el miedo o el sentimiento de culpa recaigan sobre los trabajadores y los candidatos cuando el único culpable es un sistema roto, carente de empatía y gobernado por la prepotencia.
Basta ya de falsas promesas, de filtros absurdos por la edad y de maltrato institucional en las empresas. Vamos a seguir luchando y alzando la voz hasta que nos oigan bien alto.
Gracias a todos los que estáis al otro lado apoyando, firmando y compartiendo este camino. ¡Seguimos con el motor a todo gas!
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