Más allá del filtro: cuando el talento se convierte en un número

 

 

 


Llevamos semanas, meses e incluso años asistiendo a una obra de teatro corporativo que ya roza el absurdo. Envías un currículum, pasas filtros, mantienes entrevistas donde te miran a los ojos, te valoran... y luego llega el silencio. O peor aún: llega el correo de respuesta automática. Meses después, cuando ya ni te acordabas, te sueltan un corta pega estandarizado que cambia de "usted" a "tú" según sople el viento, agradeciendo el interés para acto seguido mandarte al limbo de una base de datos.

O lo que es todavía mejor —o peor, según se mire—: recibir mensajes surrealistas que te sueltan con toda la tranquilidad del mundo que "no has superado el cuestionario previo de la oferta", ¡cuando lo has hecho de principio a fin y sin saltarte un solo paso! Es el colmo de la desidia: inventarse excusas vacías o tirar de argumentos absurdos porque ni siquiera se molestan en revisar qué candidato tienen delante.

El coste invisible de la deshumanización

Lo que estamos normalizando en los procesos de selección actuales es alarmante. Se exige a los candidatos flexibilidad infinita, reciclaje constante, inmediatez y competencias casi de ciencia ficción, pero las empresas a menudo ofrecen a cambio opacidad, desinterés y una falta absoluta de empatía.

¿El resultado? Un goteo constante de frustración y ansiedad que machaca la salud mental de quienes buscan ganarse la vida honradamente. Porque una cosa es que la competencia sea alta —algo completamente lógico y comprensible—, y otra muy distinta es tratar el tiempo, la ilusión y la inteligencia ajena como si fueran basura de usar y tirar.

El valor de la veteranía no entiende de plantillas

Nos venden la modernidad y la automatización como la panacea de la eficiencia, pero lo único que están consiguiendo es vaciar de alma el mercado laboral. Se olvidan de que la experiencia, el rodaje y el oficio no caben en una criba automatizada de palabras clave ni en un filtro mal configurado. Se desprecia el valor real de los profesionales mientras se marean procesos enteros con una falta de profesionalidad pasmosa y argumentos que rozan la tomadura de pelo.

Ya está bien de esconderse detrás de correos fríos, de excusas inventadas y de la cantinela de que "el perfil no se ajusta". La verdadera profesionalidad se demuestra de principio a fin del proceso, tanto si el candidato se queda en el equipo como si se le da las gracias con educación y verdad.

Porque mientras sigan tratando el talento como un simple número en un Excel y lanzando excusas absurdas, seguiremos alzando la voz. El talento no caduca, la dignidad tampoco, y ya va siendo hora de que las empresas aprendan a estar a la altura.

 

 Episodio 83. El " Cuestionario previo" y otras excusas de autómata


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