¿Personas o algoritmos? Cuando la experiencia deja de importar tras un filtro ATS
Llega un momento en el que uno dice: hasta aquí.
Te sientas frente a la pantalla, actualizas el currículum, adaptas cada palabra clave milimétricamente y pulsas "enviar". A partir de ahí, empieza el silencio. O peor aún: un rechazo automatizado que llega a los dos minutos firmado por un software invisible.
Estamos viviendo una época en la que los procesos de selección se han deshumanizado por completo. Las empresas han delegado la puerta de entrada de su talento en los famosos filtros ATS (sistemas de seguimiento de candidatos), programas informáticos que buscan la perfección robótica y descartan sin piedad cualquier trayectoria que no encaje en una casilla milimétrica. ¿El resultado? Se desecha a profesionales con años de bagaje, con una capacidad de resolución de conflictos brutal y con unas ganas de trabajar que ya quisieran muchos algoritmos procesar.
En mis recientes vivencias con entrevistas y procesos de selección, la sensación es clara: ya no se busca a la persona. Se busca el molde. Se mira el año de nacimiento con recelo, se infravalora la madurez profesional y se obvia lo más valioso que puede aportar un trabajador: la experiencia real vivida a base de esfuerzo, crisis superadas y proyectos sacados adelante.
Y lo más sangrante es comprobar lo que se están perdiendo en el día a día. Aquí me pongo como ejemplo, porque es la realidad de muchos compañeros: una persona que hoy es capaz de gestionar proyectos de comunicación y difusión de cero, coordinar comunidades, planificar y sacar adelante contenidos de podcast y blog semana tras semana, organizar eventos de motor y encajar mil piezas de gestión administrativa en solitario, tiene una capacidad multitarea y una visión global que ninguna IA puede replicar. Esa polivalencia, esa autonomía y esa capacidad resolutiva están ahí, disponibles, pero las empresas prefieren mirar a través de un filtro estéril que no entiende de talento real.
Los empresarios y departamentos de recursos humanos se están perdiendo un valor incalculable. Nos venden que falta mano de obra y que no hay compromiso, pero la realidad es que hay miles de trabajadores senior deseando aportar estabilidad, criterio y saber hacer, a los que se les cierran las puertas bajo excusas digitales y filtros absurdos.
Por eso no nos cansamos de alzar la voz. Por eso proyectos como Talento sin fecha de caducidad y la lucha por nuestro borrador de ley no son una opción, sino una absoluta urgencia social y laboral. No podemos permitir que la experiencia se convierta en un demérito.
La experiencia no caduca; lo que caduca es la empatía y la visión de un mercado laboral que se empeña de espaldas a la realidad. Y mientras las puertas automáticas sigan cerradas, seguiremos abriendo ventanas.
✍️ PD: Si tú también estás cansado/a de esta situación y crees que la experiencia y el talento humano deben ser protegidos por ley, seguimos sumando firmas en Change.org (¡ya vamos por 194!). Porque los derechos no se negociar, se defienden.
Episodio 85. ¿ Personas o algoritmos?. Cuando la experiencia deja de importar

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